La semana pasada, el BCE publicó los resultados de una encuesta a consumidores y empresas europeas sobre la posible introducción futura del euro digital, es decir, la moneda electrónica euro. ¿Cómo debería ser y qué dudas han expresado los ciudadanos europeos?

La consulta ha tenido lugar en los últimos meses e involucró tanto (en su mayoría) ciudadanos privados como empresarios, profesionales y comerciantes. De las aproximadamente 8.200 personas que decidieron responder, la mayoría tiene entre 35 y 54 años, de los cuales el 87% son hombres. Desigualdad de género, por tanto, pero también geográfica, si el 47% de las respuestas procedían de Alemania, con Francia e Italia alcanzando sólo el 26% juntas. Números que sirven de base y sirven para dar un imprescindible par de alicates a todo aquel que quiera leer los siguientes detalles.

Pero vayamos al fondo. ¿Cómo imaginan los ciudadanos europeos el Euro Digital? Primero, a prueba de privacidad. Para el 43%, la prioridad es proteger las transacciones realizadas con este dinero electrónico de miradas indiscretas. Privacidad Sí, pero no anonimato. En este punto, la encuesta destaca la necesidad de evitar que la moneda digital se convierta en un medio privilegiado de actividad delictiva.

Otras características deseables: debe ser un método de pago seguro, utilizable en todo el territorio europeo y no implicar costes de transacción adicionales. Para el 25% de los entrevistados, el dinero electrónico favorecería los pagos internacionales haciéndolos más sencillos y económicos. A la gran mayoría de los encuestados también les gustaría poder utilizar el Euro Digital fuera de la zona del euro y sin fronteras.

Surge claramente la idea de una moneda práctica. Los ciudadanos europeos lo quieren en modo fuera de línea, billeteras virtuales para usar a través de teléfonos inteligentes o tarjetas inteligentes para las compras diarias en las tiendas de la casa.

Las respuestas del BCE también incluyen una serie de formas de gestionar las consecuencias macroeconómicas de la emisión de un billete digital. Limitar el euro digital máximo que se puede tener o aplicar un porcentaje a la liquidez en una moneda virtual, sustituyendo la hipótesis final por ciudadanos particulares.