A pocas semanas de la cita de la COP26, el World Energy Outlook, editado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), advierte que aún queda un largo camino por recorrer para alcanzar los objetivos de sostenibilidad energética.

Bla bla bla. Al leer el Outlook Energy World publicado estos días, las palabras pronunciadas por Greta Thunberg en Youth4Climate parecen adecuadas para explicar la situación. Porque si en palabras parece un gran esfuerzo por descarbonizar la economía, los datos apuntan a algo muy diferente.

El sector de la energía es crucial para lograr los objetivos de la conferencia de París. Baste decir que 3/4 de las emisiones contaminantes a la atmósfera, responsables del aumento de más de 1 °C en la temperatura global desde la era preindustrial hasta la actualidad, son el resultado de actividades de producción de energía. Y la demanda de energía ciertamente no está destinada a disminuir en un mundo global, recuerda la visión, que para 2050 debería alcanzar los 9 mil millones de habitantes.

Con estas perspectivas, es probable que incluso el modelo energético global basado en combustibles fósiles fracase. Necesitamos un cambio de ritmo. Sin embargo, el WEO nos dice que queda un largo camino por recorrer. Los compromisos adquiridos hasta ahora cubren solo el 20 % de lo que debe hacerse para 2030 para reducir las emisiones nocivas y mantenerse a la vanguardia del calentamiento global por debajo de 1,5 °C para 2050.

Las cosas se complican aún más por la pandemia, o por la forma en que la economía mundial está interpretando la salida de la pandemia. La enorme demanda de energía ha dado al fósil una nueva oportunidad de vida y las emisiones nocivas han aumentado de 31,5 GT (giga toneladas) en 2021 a las 33.000 actuales, y se espera que 2021 supere el récord histórico registrado en 2018.

A tientas para detener el calentamiento global se requiere 1,5 °C para aumentar las inversiones en energía en $ 4 billones para 2030. El informe WEO identifica cuatro áreas clave donde se puede intervenir: aumentar la producción de electricidad a partir de fuentes renovables; inversiones en la mejora de la eficiencia energética; reducir las emisiones de metano por el uso de fuentes fósiles; una inversión aún mayor en innovación.

El EMI estima que el gasto energético de los consumidores se reduciría en un 40 % si las intervenciones se enmarcaran en estas cuatro áreas principales.

El problema principal queda en un segundo plano, que es la necesidad, para que todas las iniciativas tengan posibilidades de éxito, de una revisión del actual modelo que rige la economía global, partiendo de la presión desesperada hacia el consumo. Será necesario ahorrar energía, este es el meollo del asunto.