Estados Unidos planea independizarse por completo del uso de carbón en centrales eléctricas para 2033, pero mientras tanto, el «hambre» de energía estimulada por la recuperación pospandemia le dará a los combustibles fósiles una última «oportunidad».

Según un informe muy reciente elaborado por el banco de inversión Morgan Stanley, para 2033, la electricidad producida en los Estados Unidos será 100% libre de carbón, es decir, producida sin el uso de carbón. Un mayor uso de las fuentes de energía renovable conducirá a un resultado importante. Para 2030, el porcentaje de electricidad producida a partir de fuentes renovables alcanzará el 39% y el 55% solo cinco años después.

Destino ya escrito para los combustibles fósiles, también lo contamos la semana pasada hablando de la difícil situación de las petroleras. Pero a corto plazo, la dinámica se ve completamente diferente. Con la recuperación económica preparándose -se espera- para comenzar cuando termine la emergencia sanitaria del covid-19, habrá un «hambre» de energía que pueda reactivar los precios y el consumo del petróleo, el gas natural y el carbón. En 2021, según la previsión Outlook Energy Short Term de la agencia estadounidense de estadísticas energéticas (EIA), el consumo eléctrico, tras caer un 4% en 2020, subirá un 1,5%. La producción de petróleo de la OPEP aumentará en 2,7 millones de barriles por día, mientras que la demanda global crecerá en 5,6 millones de barriles por día en 2021 y 3,3 millones de barriles por día en 2022.

Según datos de la EIA y Morgan Stanley, en 2021 el precio del gas natural podría subir un 48%, lo que provocaría un cambio en el mix de motores para producir electricidad, muy a favor del carbón, más económico. También según datos de la EIA, la proporción de electricidad producida a partir del carbón fue del 20 % en 2020 y crecerá dos puntos porcentuales en 2021.

En cuanto a las emisiones, según el informe de la EIA, las provenientes de la producción de electricidad, tras una reducción del 11% en 2020, aumentarán casi 5 puntos porcentuales en el presente año.

Esta dinámica de corto plazo podría verse fortalecida por la dificultad general de los gobiernos para lograr a tiempo sus objetivos en términos de convergencia con las metas de la Conferencia de París. Un estudio, realizado por Blomberg NEF, revela que menos de la mitad de las 19 economías más grandes del mundo han implementado más del 50% de las políticas necesarias para combatir el calentamiento global, que se ha detenido por debajo de los dos grados centígrados en comparación con el período preindustrial. Cuanto menos exigentes sean las acciones gubernamentales, más espacio queda para los combustibles fósiles.