La inflación no ha estado en el centro del debate de los mercados financieros en los últimos años. Los inversores ahora están discutiendo las consecuencias para la política monetaria, con los bancos centrales en el centro del cambio de prioridad.

Una de las discusiones más interesantes de las últimas semanas sin duda ha sido sobre el movimiento de los bancos centrales y, al menos en las economías altas, sobre un cambio de prioridad en sus políticas monetarias. Se nos enseña que la tarea principal de la autoridad monetaria es monitorear la estabilidad de precios. Al margen de este compromiso o en segundo lugar, la política monetaria también abordaría los niveles de empleo y crecimiento, de manera afinada entre inflación y desempleo. Pues bien, en los últimos tiempos, como han dicho muchos analistas, las cosas han cambiado y el esfuerzo de los bancos centrales ahora se centra principalmente en lograr el pleno empleo. Este nuevo enfoque debería conducir a un control de la inflación un poco más «laxo». En términos simples, los bancos centrales podrían aceptar un mayor nivel de inflación, especialmente si su crecimiento está vinculado a variables temporales, para permitir que el mercado laboral alcance o se acerque a niveles de pleno empleo. Y aceptar un mayor nivel de inflación también podría significar aumentar la cosecha de «alrededor del 2%», resultado de las últimas revisiones de política monetaria de la Fed y el BCE, hasta un 3% o incluso más.

Tras un largo período de deflación, las economías de alto nivel pueden volver a descubrir que, si se produce un crecimiento económico, el nivel de aumento de los precios no es tan grave. Así lo cree, por ejemplo, Dario Perkins de TS Lombard y Alessandro Fugnoli se acordó de él hace unas semanas en uno de sus excelentes post habituales. El sine qua non, sin embargo, es que haya crecimiento. Y aquí es donde entra en juego la política fiscal. Los bancos centrales parecen haber estado diciendo a los gobiernos: les dejamos un poco más de espacio, ustedes nos dan una política de expansión fiscal orientada al crecimiento.

¿Y cómo darán este giro los mercados financieros? La idea de una larga fase de bajas tasas de interés ciertamente no es una desgracia para las bolsas de valores, tanto que desaparecen rápidamente de la disminución gradual contra las expectativas con un aumento de las tasas de interés pospuesto durante algún tiempo. De hecho, según algunos observadores, como John Authers en Bloomberg, parte del buen desempeño de las listas en los últimos meses puede deberse a la perspectiva de un largo período de política monetaria extendida, así como a las expectativas de un fuerte crecimiento económico. Expectativa de vuelta a la situación prepandemia que habría precedido a las listas de precios por el famoso efecto TINA (There Is No Alternative).

Foto de Leonhard Niederwimmer