La victoria de los demócratas, que acabó con la conquista del suplemento en Georgia, permite a Biden poner en marcha su megaplan de gasto público. Y los resultados del Tesoro responden rápidamente cuando la Ola Azul llega a su fin.

Ganar los dos escaños del Senado en Georgia es una de las hipótesis que más inversores han debatido de cara a las elecciones presidenciales del pasado noviembre; estamos hablando de la Ola Azul, con el partido de Voluntarios dirigiendo la Casa Blanca y las dos ramas del Congreso.

El «termómetro» clave de la reacción de los mercados a la Ola Azul es sin duda el rendimiento de los bonos del Tesoro y del gobierno de EE.UU. El vencimiento de 30 años ahora da 1,82% (+19 puntos básicos en un mes), el vencimiento de 10 años vuelve a estar por encima del punto porcentual (1,10% hoy, 20 puntos más en un mes).

¿Qué tiene que ver la ola azul con las tasas de los bonos del gobierno? Todo está en los registros electorales, y el democrático, como escribimos hace un tiempo, se refleja fuertemente en el gasto público. El fallo de las dos ramas del Congreso permitirá a Biden disfrutar de tranquilidad durante los próximos dos años, con pocas trabas -pero ninguna- para traducir en ley su programa de gobierno. Un programa que incluye, entre otras cosas, inversiones por más de $2 billones en carreteras, puentes y movilidad eléctrica.

Los inversores han recibido el mensaje y han llegado a las conclusiones, que son esencialmente dos: en los próximos meses habrá aún más dudas sobre la deuda pública; un fuerte gasto público generará inflación. Ambas conclusiones resultan en precios gubernamentales más bajos y, en contraste, tasas de interés más altas. El movimiento de valores, especialmente los de largo plazo, es por tanto uno de los más sensibles a las expectativas de inflación.

Las expectativas de inflación se pueden medir por una simple diferencia entre el rendimiento del Tesoro a 30 años y los TIPS a 30 años (es decir, bonos del gobierno vinculados a las tendencias de inflación). El delta ahora viaja alrededor del 1,8%. A principios de noviembre, justo el día de las elecciones presidenciales, la misma delta era del 1,1%.

El aumento de las tasas a 10 y 30 años podría ser una preocupación para la nutrición. Los rendimientos a largo plazo tienen un fuerte impacto en la economía real, como referencia para muchos instrumentos, desde bonos corporativos hasta hipotecas. Su aumento de la presión sobre el banco central podría intervenir recalibrando un plan de compra de bonos o, menos probablemente, activando el control de la curva de rendimiento.