Un estudio reciente publicado por el CEPR analizó más de 4.000 empresas en 133 países. Su objetivo es conocer cómo las empresas internacionales y nacionales han afrontado la crisis. El resultado es que la internacionalización, en las etapas de recuperación, es una fuente de resiliencia.

Al inicio de la pandemia, cuando el problema parecía circunscribirse a China y nuestras latitudes, sobre todas las preocupaciones estaban las consecuencias de la cadena de suministro, desde muchos lados se planteó el llamado a la desglobalización para volver a algunas producciones en el . contexto nacional.

Más de un año después del brote de covid-19, tenemos muchos datos disponibles para comprender el comportamiento de las empresas durante la pandemia y un estudio reciente intentó comparar las experiencias de las empresas “internacionales” con las experiencias nacionales.

El estudio fue publicado por CEPR y fue dirigido por Floriana Borino, Eric Carlson, Valentina Rollo y Olga Solleder. Partiendo de una base de datos de más de 4 mil empresas repartidas en 133 países del mundo, la investigación pudo comprobar que, aunque más afectadas por la crisis provocada por la pandemia, las empresas internacionales han mostrado una mayor resiliencia que las empresas locales. En pocas palabras, si la internacionalización fue una debilidad durante la primera fase de la pandemia, sería un arma eficaz para anticipar la reanudación.

Un número muy interesante surge de los datos procesados ​​por Floriana Borino y sus colegas. Por un lado, las empresas internacionales frente a la pandemia registraron un 13% más de probabilidad de tener problemas de suministro que las empresas nacionales. Aún más significativo es el probable impacto en las ventas: una empresa internacional tenía un 83 % de posibilidades de caídas en las ventas, en comparación con el 77 % de una empresa nacional.

Deteniéndonos aquí, todo parece estar a favor de los negocios locales y se podría concluir, con estos datos iniciales, que la internacionalización podría convertirse en un lastre incluso durante la recuperación. Pero el estudio nos dice exactamente lo contrario. La internacionalización crea una mayor resiliencia. Según el informe, las empresas internacionales tienen 10 puntos porcentuales más de posibilidades de recuperación que las empresas locales.

La explicación radica en gran medida en la velocidad de adaptación y la flexibilidad que ven las empresas con dimensión internacional para desplegarse durante las crisis. Las armas que permiten que la internacionalización sea fuente de resiliencia son asumir el trabajo remoto, buscar nuevos proveedores y abrir nuevos mercados creando una ventaja frente a las empresas nacionales.

La crisis de la pandemia parece poder darnos una lección importante. No es tanto la producción de todo en un mismo país lo que salva de las crisis globales sino la capacidad -y la posibilidad- de relaciones internacionales amplias y extensas, la activación de alternativas, la flexibilidad y la explotación de la tecnología.