Según una investigación reciente de Moody’s, un total de más de $ 2 billones en deuda corporativa estarían expuestos a riesgos ambientales asociados con la destrucción de los recursos naturales.

En esos millones de especies animales y vegetales que actualmente se encuentran en riesgo de extinción, debido al compromiso o destrucción de sus entornos de vida, hay mucho más que un desastre natural sin precedentes. Se trata de la supervivencia de millones de personas, así como de la supervivencia de todos los sectores de la industria.

Muchas actividades productivas dependen de los recursos naturales y están sujetas a los denominados riesgos ambientales, es decir, el riesgo de agotarse o destruirse debido a fenómenos relacionados con el cambio climático. Las propias actividades productivas suelen ser la principal amenaza para la supervivencia de muchos recursos, dado el fenómeno de la deforestación y los enormes daños que está provocando en zonas enteras del planeta. Un círculo vicioso que también corre peligro de contagiar al mercado financiero.

En ese sentido, el último informe publicado por Moody’s la semana pasada nos hace reflexionar. Analistas de la calificadora estadounidense, encabezados por Lucía López, han cribado un gran número de sectores industriales, calculando para cada uno de ellos la dependencia de los recursos naturales y al mismo tiempo la contribución que hacen a su reducción. El resultado es que 12 sectores, incluidos la minería, la energía fósil y el transporte de mercancías, tienen una exposición alta o muy alta a los riesgos ambientales. Transferidos en términos de deuda emitida, superan los 2 billones de dólares.

No solo. Según los cálculos de Moody’s hay otros 16 sectores que logran una exposición moderada a los riesgos ambientales, también en este caso se da la mano el paso a la emisión de deuda corporativa: 8,3 billones de dólares.

Sin un cambio estratégico real hacia la sostenibilidad y con gobiernos cada vez más preparados para elevar el nivel regulatorio, el estado de esta montaña de deuda será cada vez más volátil, y las consecuencias para el sistema bancario y financiero son fáciles de imaginar.