Tras la alarma lanzada por el informe del IPCC, se abre camino la hipótesis de reforzar la fiscalidad de las emisiones nocivas. Pero, ¿cuáles son los posibles efectos del impuesto al carbono sobre la inflación?

La noticia de la publicación del último informe climático del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) ha dado la vuelta rápidamente al mundo, generando preocupación y una dosis normal de buena voluntad por parte de gobiernos e instituciones.

El documento, un resumen de más de 14.000 estudios realizados en todo el mundo en los últimos años, deja poco espacio para la interpretación. El informe muestra claramente cómo las actividades humanas han afectado severamente el calentamiento global del planeta. Para los científicos del IPCC, este sobrecalentamiento continuará durante los próximos 30 años y tendrá graves consecuencias. El fenómeno del cambio climático se está acelerando, pero todavía hay posibilidades de recuperación. Actuando bien y con rapidez, todavía es posible, en el caso más optimista, mantener el aumento de temperatura para 2050 por debajo de 1,5 °C.

Un mensaje contundente, enviado en vísperas de la cita básica -y esta vez sí que podemos hablar de último recurso- en octubre con la COP26 en Glasgow. Desde ese foro ya no tendremos que sacar declaraciones de intenciones sino planes de acción rápidos, muy rápidos.

Una de las armas que seguramente se reforzará para hacer frente a las emisiones de gases de efecto invernadero es el impuesto al carbono, o impuesto a las emisiones nocivas a la atmósfera. Te lo contamos hace unas semanas, muchos gobiernos ya lo están utilizando, el Fondo Monetario Internacional ha propuesto una versión “global”, los economistas están considerando su cuantificación y las consecuencias reales de la tributación dan esto.

Si realmente nos estamos moviendo hacia un uso masivo del impuesto al carbono, ¿cuál será el impacto en los precios? En otras palabras, ¿el impuesto al carbono traerá más inflación?

Usando solo un razonamiento lógico, se podría plantear la hipótesis de que su uso masivo solo podría afectar los precios en el corto plazo y que la distribución exacta de los recursos recaudados a través de su aplicación podría tener sus efectos en vidas costosas. El objetivo principal del impuesto al carbono es acelerar la transferencia de energía encareciendo los fósiles. Por lo tanto, es lógico suponer que la aplicación del impuesto sobre las emisiones nocivas será cada vez más marginal a largo plazo, con una aceptación más generalizada de la energía procedente de fuentes renovables que reducirá significativamente los costes. Sin embargo, en el corto plazo, la imposición de impuestos y costos de transferencia de energía sería una fuente definitiva de aumento de los precios de los bienes finales, ya que trasladarían la mayor parte de la carga de los consumidores a las empresas. Aquí, sin embargo, el estado puede tomar medidas, utilizando parte de los ingresos del impuesto al carbono para mitigar los efectos de la inflación de corto plazo, por ejemplo, agregando bonificaciones a las facturas de energía (las primeras en afectar la maniobra sobre ellas).

Esto es lógico, pero ¿qué nos dice la experiencia práctica? Maximilian Konradt y Beatrice Weder di Mauro, economistas del Instituto de Estudios Internacionales y Desarrollo de Ginebra, han intentado responder a esta pregunta combinando datos europeos y canadienses. El resultado del estudio es sorprendente en muchos sentidos. El impuesto al carbono no generaría inflación sino que, por el contrario, tendría un efecto deflacionario.

El impulso de este resultado puede deberse a la reacción de las empresas ante una mayor tributación. Una respuesta sería reducir el empleo y, por tanto, reducir la presión sobre los salarios. Esto se traduciría en una reducción de los ingresos y por tanto de los gastos, lo que daría lugar a una reducción general de los precios de los bienes no energéticos, lo que no sólo compensaría los mayores costes de la energía sino que también generaría deflación.

Ya sea que se trate de inflación o deflación, se requerirá la intervención de la política fiscal y monetaria para compensar el efecto sobre los precios resultante de la fuerte implementación del impuesto al carbono. Todavía ellos. En resumen, cuando una emergencia haya terminado (o casi), pase a otra.