Durante la semana entró en vigor la nueva normativa europea SFDR, que establece reglas y métodos para la elaboración de informes de sostenibilidad (ESG) en el sector de servicios financieros.

El 10 de marzo, anteayer, entró en vigor el nuevo reglamento de la UE 2019/2088 sobre informes de sostenibilidad en el sector de los servicios financieros. El acrónimo SFDR significa Reglamento de Divulgación Financiera Sostenible.

Este es un acto legislativo europeo que tiene como objetivo controlar la gestión y comunicación de los clientes a los factores y riesgos de las cuestiones GSF. Sin burocracia, podríamos decir que el SFDR es el primer intento de estandarizar y hacer más transparente la forma en que los bancos, compañías de seguros y asesores financieros interpretan y establecen los productos financieros de ESG.

La importancia de tratar un asunto está bien explicada en los números. Según Pwc, dentro de cinco años la participación de los fondos de gestión sostenible podría alcanzar el 57% del total, con un poder revolucionario frente a la consultora que surgió con la irrupción del mercado, hace dos décadas, los ETF.

El objetivo es ambicioso. En primer lugar, al inversor le preocupa el impacto (positivo o negativo) de su inversión en cuestiones ESG y viceversa. En segundo lugar, infórmeles sobre los riesgos de las inversiones verdes. Este proceso pasa por la preparación de la documentación adecuada y la comunicación de los intermediarios – transparente y clara.

Los productos financieros se etiquetarán de manera diferente según la gravedad de su impacto en los problemas ambientales, desde productos de color verde claro hasta productos de color verde oscuro, cada uno con su propia exposición específica.

No solo eso, la regulación también se enfoca en el concepto del Principio de Impacto Nocivo (PAI). En esencia, le explicará al inversionista cómo una decisión de inversión en particular puede afectar negativamente los asuntos ESG (por ejemplo, comprar acciones en una empresa corrupta o productora de armas).

De momento, la fecha del 10 de marzo tiene carácter simbólico, no hay normativa de aplicación y para ver los primeros efectos del SFDR habrá que esperar al menos hasta principios de 2022. El riesgo, como de costumbre, es una oportunidad para transformar la creciente cultura financiera en otro botín de una hoja que se firmará rápidamente bajo la presencia positiva de la etiqueta «verde».